Mientras tanto, el ladrón se percató de que las sirenas todavía estaban lejos y se giró para retomar su camino hacia Eva y Miguel, pero no los vio. Ellos ya se habían ocultado detrás de unas palmeras enormes. Entonces, dudó por un momento sobre qué hacer, pero, para el horror de Eva y MIguel, se lanzó a correr hacia el jardín.
- Eva, agáchate y ve para allá,hacia las escaleras de emergencia y baja al Sótano 1. Nos vemos allá. Yo yoy a distraer al tipo ese. Tendremos más oportunidad de escapar si nos separamos
Dicho esto y mientras Eva se escabullía en dirección opuesta, Miguel salió corriendo hacia el ladrón. Este, perplejo, no reaccionó a tiempo y fue derribado. Al caer, se golpeó la cabeza contra el borde de un banco y quedó bastante aturdido. Por su parte, Miguel siguió corriendo sin parar hacia la entrada principal, con la intención de bajar al sótano por la rampa de acceso de vehículos, a encontrarse con Eva
- ¡Espero que no halla más ladrones allá abajo o habré envíado a Eva a la boca del lobo!
En ese momento se escuchó una detonación y un zumbido muy particular que cortó el aire y pasó rozando la oreja de Miguel. El sintió que algo le quemaba la cara y vio estrellarse en una pared de mármol, justo delante de él, un pequeño objeto. Aún no había captado qué pasaba cuando volvió a escuchar el mismo sonido. De pronto lo entendió:
- Este idiota ya se recuperó del golpe y me está disparando y ni siquiera se molesta en usar silenciador
Empezó a correr en zigzag para evitar las balas y aceleró su carrera hacia la entrada todo lo que pudo, cuando escuchó un tercer disparo. Esta balacera alertó a otro maleante, aparentemente el jefe, quien salió del banco a ver qué pasaba. Sólo alcanzó a ver el codo de Miguel justo antes de ser derribado de un seco golpe en la nariz. Quedó inconsciente, pero el ruido alertó a los demás ladrones, quienes pensaron que había llegado la policía y se prepararon a huir, aunque todavía no habían logrado abrir la caja fuerte y no tenían el dinero
- Vámonos de aquí ahora
- Pero no tenemos el dinero
- No importa. Si esas balas son de la policia iremos a la cárcel
- Llama a Raúl. Que suba la camioneta y nos largamos de aquí
- ¿Dónde está el jefe? y también falta Luis. ¿Será él quien dispara?
- Salgamos de aquí
Cuando salieron tropezaron con el cuerpo inconsciente del jefe y vieron al otro ladrón, Luis, que venía corriendo
- Voy a atrapar a ese desgraciado. Casi me mata, gritó mientras se frotaba la parte de atrás de la cabeza, donde recibió el golpe del banco y comprobaba que estaba sangrando.
- No hay tiempo para eso, dijo otro de los asaltantes. Vámonos ya
El ruido de las sirenas de policía cada vez se oía más cerca
CONTINUARA...
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