Frente al mar
Desde la parte trasera de la camioneta de su tío Fausta escudriña el horizonte de la hermosa costa peruana, buscando el lugar perfecto para dar sepultura al cuerpo de su madre. Ha decidido llevarla al mar, donde los muertos alivian sus cargas y lavan sus penas. Su familia la acompaña.
Al encontrar el sitio deseado, le pide a su tío que se detenga y baja. Emprende la marcha con paso firme, sobre las ondulantes dunas de arena, siempre cambiantes al capricho del viento. Lleva el cuerpo en hombros. Es un trayecto muy difícil; sus pasos dejan profundas huellas en la arena, sólo comparables a su determinación.
Llegan a la playa, donde la arena gris, casi blanca, contrasta con el azul intenso del cielo y el agua. No se ve un alma; están completamente solas ante la inmensidad del imponente paisaje, en íntima comunión con él.
La madre yace sobre la arena, mientras la hija la invita a contemplar el mar. Con gran ternura le habla en quechua, la lengua sagrada de sus ancestros.
Por Irene de Santos
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