martes, 22 de junio de 2010

Escena de la teta asustada - el pago prometido

Fausta corría por las calles aún desiertas de su barrio, poco antes del amanecer. Había salido decidida a casa de su patrona, a reclamar el pago prometido por su canto. Estaba dispuesta a enfrentar a sus demonios para lograrlo.
Al llegar al mercado aminoró la marcha, pero no disminuyó su determinación. A pesar de que nadie la acompañaba, logró atravesar los estrechos pasadizos flanqueados por mercaderías y miradas curiosas. Logró llegar a su destino
En la habitación de la señora, vio la foto de un militar, que parecía acecharla desde su posición frente a la entrada. Todavía la dueña de la casa y su acompañante dormían y a un lado de la cama había una hilera de hermosas perlas, esparcidas sobre la alfombra.
Reunió todo su valor y se agachó. Fue gateando sigilosamente, tomando con mucha cautela el blanco tesoro, bien ganado. Nadie notó su presencia.
Salió al jardín y avanzó hasta el portón donde, con un gran esfuerzo, logró accionar el mecanismo que lo abría, pero no pudo continuar; se desmayó



Por Irene de Santos

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