martes, 29 de marzo de 2011

Susana

Las olas se estrellaban con fuerza contra el malecón, levantando montañas de espuma. Su ronco rugido terminaba en un silbido apenas audible, mientras el mar se retiraba de nuevo a sus dominios lamiendo la arena.
Aquella mañana, lamía algo más: un vestido rojo, unos pies pequeños, una melena negra. Se llamaba Susana.
La encontró un deportista, quien dio aviso a las autoridades. El forense encontró en su mano una nota, en la que aún se podía leer: “No puedo más”.
Su esposo acudió a la morgue a reconocer el cadáver; lo que no pudo reconocer fueron sus motivos. Nunca pensó que la depresión la acorralara de tal manera. Estaba desolado.

No hay comentarios:

Publicar un comentario