miércoles, 24 de marzo de 2010

Una aventura en el desierto

A las 2 de la tarde un joven ejecutivo tomaba un avión que lo llevaría muy lejos, a un largo viaje de negocios. Era un ingeniero llamado Francisco, quien trabajaba en una compañía transnacional, cuya misión era concretar una difícil negociación para venderle armamento a un país bastante pobre, enclavado en lo más recóndito del medio oriente. Un país con una geografía impresionante. Tenía desiertos, costas, fértiles valles y una tradición y cultura milenarias, pero diferentes conflictos bélicos y cambios de gobierno lo habían dejado al borde de la miseria. Sin embargo, y en su infinita estupidez, el ser humano siempre se las arregla para tener sus prioridades al revés y en lugar de tratar de levantar al país, de mejorar el nivel de vida de sus habitantes, de buscar el desarrollo a través de la educación, los gobernantes de aquel país estaban más interesados en adquirir armamento.

Allí es donde entra nuestro personaje. Un ingeniero, egresado de una universidad de renombre, graduado con las mejores calificaciones de su clase, interesado principalmente en la brillante carrera que se avizoraba en su futuro. Ejecutivo de Ixdom Chemicals, con un sueldazo y posibilidades de ser socio si lograba, no sólo vender estas armas químicas al gobierno, sino instalar una fábrica en aquel país. Esto permitiría a su compañía posicionarse en aquella región como la única en su ramo.

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