Bienvenidos a mi blog. Espero escribir en él todos los días. Lo creé como ejercicio del curso de escritura al que empecé a asistir el lunes 22/03. Espero que lo disfruten. Si bien al principio me pareció algo cortante, dado que no estoy acostumbrada a los blogs, ahora que logré crear este sitio, con la ayuda de mi hijo, lo encuentro divertido
miércoles, 6 de octubre de 2010
Marqués de Carrión
Con la caída de la tarde hizo su entrada triunfal al palacio de la familia Sáenz Linares Don Alonso Francisco Osorio y Guzmán, Marqués de Carrión. Era un hombre viejo, enfundado en un ceñido traje de seda, con una larga peluca blanca que debía ocultar un secreto no muy bien guardado: su cabeza era lisa como una bola de cristal, totalmente desprovista de cabello. Tenía los ojos vidriosos, que profetizaban el advenimiento de cataratas y su afición al rapé le mantenía continuamente enrojecida la cara externa de las fosas nasales. Además, los excesos en la comida le habían desarrollado una barriga descomunal. Los lujos, la bebida, los viajes, los trajes y las malas inversiones le habían arruinado el físico, la salud y el patrimonio. Sólo le quedaba su título y el vetusto castillo de la familia. Todavía no conocía a la novia. La había visto desde lejos un par de años atrás, cuando formalizaron la unión, pero desde entonces no la había visitado. Entró al gran salón, inspeccionándolo todo, calculando a cuanto ascendería la generosa dote de su suegro.
Vicente López Alcalá
Edad: 18 años
Estado civil: solero.
Profesión: músico. Aunque toca varios instrumentos, prefiere la flauta. Compone y enseña
Posición social: pobre ilustrado.
Familia: es el menor de dos hermanos, huérfano de madre. Su padre es músico y maestro de escuela. Su hermano es actor de teatro.
Nacionalidad: española.
Características físicas: alto, delgado, de anchos hombros, dotado de una abundante cabellera negra que le cae en suaves rizos hasta los hombros y enmarca un rostro muy viril de facciones geométricas bien definidas. Profundos ojos negros, de mirada penetrante, capaz de adentrarse hasta el corazón de cualquier joven romántica y soñadora. Voz gruesa y aterciopelada.
Rasgos emocionales: alegre, despreocupado, divertido y con un carisma casi hipnótico: todo el que le conoce siente afecto por él de inmediato. Amable, todo un caballero. Disfruta ayudando a los demás. Amigo fiel, no soporta la traición ni tolera la mentira. Detesta la injusticia. Romántico y apasionado. Cree que en la vida de un hombre sólo hay espacio para un único gran amor. Algo melancólico y muy sensible. Sufrió muchísimo con la muerte de su madre. Se adapta con facilidad a las circunstancias, porque ante todo es un sobreviviente.
Aficiones: le gusta la buena mesa y más aún, el buen vino. Aunque en su casa no abunden esas cosas, las recibe cuando trabaja en la casa de algún adinerado, como músico contratado para amenizar fiestas. Sabe apreciarlas. También le encantan las juergas nocturnas por la calle con los amigos y siempre está a la orden para asistir en cualquier serenata, no importa la hora.
Estado civil: solero.
Profesión: músico. Aunque toca varios instrumentos, prefiere la flauta. Compone y enseña
Posición social: pobre ilustrado.
Familia: es el menor de dos hermanos, huérfano de madre. Su padre es músico y maestro de escuela. Su hermano es actor de teatro.
Nacionalidad: española.
Características físicas: alto, delgado, de anchos hombros, dotado de una abundante cabellera negra que le cae en suaves rizos hasta los hombros y enmarca un rostro muy viril de facciones geométricas bien definidas. Profundos ojos negros, de mirada penetrante, capaz de adentrarse hasta el corazón de cualquier joven romántica y soñadora. Voz gruesa y aterciopelada.
Rasgos emocionales: alegre, despreocupado, divertido y con un carisma casi hipnótico: todo el que le conoce siente afecto por él de inmediato. Amable, todo un caballero. Disfruta ayudando a los demás. Amigo fiel, no soporta la traición ni tolera la mentira. Detesta la injusticia. Romántico y apasionado. Cree que en la vida de un hombre sólo hay espacio para un único gran amor. Algo melancólico y muy sensible. Sufrió muchísimo con la muerte de su madre. Se adapta con facilidad a las circunstancias, porque ante todo es un sobreviviente.
Aficiones: le gusta la buena mesa y más aún, el buen vino. Aunque en su casa no abunden esas cosas, las recibe cuando trabaja en la casa de algún adinerado, como músico contratado para amenizar fiestas. Sabe apreciarlas. También le encantan las juergas nocturnas por la calle con los amigos y siempre está a la orden para asistir en cualquier serenata, no importa la hora.
Clara Sáenz Linares
CLARA SÁENZ LINARES
Edad: quince años. Nacida en Cádiz, en una familia sumamente adinerada, en 1769.
Hija de Federico Sáenz de Suazo y María Teresa Linares Fernández
Es la mayor de dos hermanas, para desgracia de su padre, quien quería un varón que en el futuro pudiera tomar las riendas de su próspero negocio. Sin embargo, su madre considera que su sexo puede ser muy conveniente.
De piel muy blanca, abundante cabellera rojiza, muy rizada y ojos verdes. Es bajita y muy delgada. Pesa tan poco que apenas hace ruido al andar. No aparenta la edad que tiene, parece menor, luce como una niña. Su voz es muy delicada.
Come como un pajarito, excepto cuando de dulces se trata. Lo único que devora con voracidad son los pasteles que le prepara Dulce María, su aya, quien la consiente con el pretexto de “…que algo tiene que comer la niña, o se nos va a enfermar”
De carácter muy dulce, cariñosa y compasiva. Le gustan mucho las historias románticas. Sueña con el príncipe encantado que la rescatará algún día.
Su salud es bastante frágil. Se enferma con frecuencia, pero su mayor mal son los nervios. La mayoría de sus enfermedades son producto del terror que le tiene a su mamá. Por extensión, todo la asusta: una conversación de tono elevado, el ruido que produce un objeto al caerse, el sonido que emiten los animales, etc.
Adora la poesía y es una gran declamadora. Recita de memoria versos de amor en eventos familiares. También tiene una gran afición por la música, aunque no aprendió a tocar ningún instrumento. Sin embargo, baila muy bien. Tiene buen oído.
Su mayor habilidad es el bordado. Quienes han visto sus trabajos afirman que tiene manos de oro. Ha hecho trabajos extraordinarios para vestir el altar de la iglesia. En la actualidad, está bordando su ajuar, aunque no avanza nada rápido. Su madre, impaciente, le dijo que buscara ayuda, porque con ajuar o sin él, debe casarse al cumplir los dieciséis años y sólo faltan unos pocos meses.
Es reservada y algo melancólica. Se siente frustrada por la imposición de su familia de casarse con un Marqués, que para colmo es un viejo feísimo y nada simpático. No tolera la idea de que su única función en la vida sea la de dotar a su familia de un título nobiliario. Son riquísimos, pero la ambición desmedida de su madre la hará sacrificar su felicidad por ser Marquesa.
Su poeta favorito: Garcilaso de la Vega:
SONETO V
Escrito está en mi alma vuestro gesto,
y cuanto yo escribir de vos deseo;
vos sola lo escribisteis, yo lo leo
tan solo, que aun de vos me guardo en esto.
En esto estoy y estaré siempre puesto;
que aunque no cabe en mí cuanto en vos veo,
de tanto bien lo que no entiendo creo,
tomando ya la fe por presupuesto.
Yo no nací sino para quereros;
mi alma os ha cortado a su medida;
por hábito del alma mismo os quiero.
Cuando tengo confieso yo deberos;
por vos nací, por vos tengo la vida,
por vos he de morir, y por vos muero.
Edad: quince años. Nacida en Cádiz, en una familia sumamente adinerada, en 1769.
Hija de Federico Sáenz de Suazo y María Teresa Linares Fernández
Es la mayor de dos hermanas, para desgracia de su padre, quien quería un varón que en el futuro pudiera tomar las riendas de su próspero negocio. Sin embargo, su madre considera que su sexo puede ser muy conveniente.
De piel muy blanca, abundante cabellera rojiza, muy rizada y ojos verdes. Es bajita y muy delgada. Pesa tan poco que apenas hace ruido al andar. No aparenta la edad que tiene, parece menor, luce como una niña. Su voz es muy delicada.
Come como un pajarito, excepto cuando de dulces se trata. Lo único que devora con voracidad son los pasteles que le prepara Dulce María, su aya, quien la consiente con el pretexto de “…que algo tiene que comer la niña, o se nos va a enfermar”
De carácter muy dulce, cariñosa y compasiva. Le gustan mucho las historias románticas. Sueña con el príncipe encantado que la rescatará algún día.
Su salud es bastante frágil. Se enferma con frecuencia, pero su mayor mal son los nervios. La mayoría de sus enfermedades son producto del terror que le tiene a su mamá. Por extensión, todo la asusta: una conversación de tono elevado, el ruido que produce un objeto al caerse, el sonido que emiten los animales, etc.
Adora la poesía y es una gran declamadora. Recita de memoria versos de amor en eventos familiares. También tiene una gran afición por la música, aunque no aprendió a tocar ningún instrumento. Sin embargo, baila muy bien. Tiene buen oído.
Su mayor habilidad es el bordado. Quienes han visto sus trabajos afirman que tiene manos de oro. Ha hecho trabajos extraordinarios para vestir el altar de la iglesia. En la actualidad, está bordando su ajuar, aunque no avanza nada rápido. Su madre, impaciente, le dijo que buscara ayuda, porque con ajuar o sin él, debe casarse al cumplir los dieciséis años y sólo faltan unos pocos meses.
Es reservada y algo melancólica. Se siente frustrada por la imposición de su familia de casarse con un Marqués, que para colmo es un viejo feísimo y nada simpático. No tolera la idea de que su única función en la vida sea la de dotar a su familia de un título nobiliario. Son riquísimos, pero la ambición desmedida de su madre la hará sacrificar su felicidad por ser Marquesa.
Su poeta favorito: Garcilaso de la Vega:
SONETO V
Escrito está en mi alma vuestro gesto,
y cuanto yo escribir de vos deseo;
vos sola lo escribisteis, yo lo leo
tan solo, que aun de vos me guardo en esto.
En esto estoy y estaré siempre puesto;
que aunque no cabe en mí cuanto en vos veo,
de tanto bien lo que no entiendo creo,
tomando ya la fe por presupuesto.
Yo no nací sino para quereros;
mi alma os ha cortado a su medida;
por hábito del alma mismo os quiero.
Cuando tengo confieso yo deberos;
por vos nací, por vos tengo la vida,
por vos he de morir, y por vos muero.
Julia Risquez
Nombre: Julia Rísquez
Edad: 27 años
Estado civil: soltera
Profesión: abogada. Graduada con honores. Planea hacer un postgrado en derecho tributario en España
Posición social: clase media alta
Idiomas: inglés y francés
Cualidades físicas: no es muy alta, pero es preciosa. Una espesa melena negra adorna el contorno de su blanca tez. Sus ojos son color miel, enmarcados por espesas cejas negras, con curvatura natural. Además, tiene un cuerpo voluptuoso, muy atractivo. Piernas bien torneadas.
Voz cálida, aterciopelada, de tono grave.
Es coqueta, pero no tiene ningún reparo en bajar al jardín del edificio en bata, a pasear al perro, si se le hace tarde. En caso contrario, siempre anda de punta en blanco.
Rasgos emocionales: es maniática de la puntualidad, al punto de parecerle una falta de respeto que la hagan esperar, aunque sea cinco minutos.
Es solidaria. Le gusta ayudar a los demás.
En el amor no ha sido muy afortunada. Su actual novio, Sergio, no termina de hacerle sentir mariposas revoloteando en la boca del estómago. Amó mucho a Andrés, su primer amor. No siente lo mismo por Sergio. Lo atribuye a la edad, ya que era mucho más joven cuando se enamoró de Andrés.
Aunque es dulce y cariñosa, se transforma en una fiera cuando defiende una causa justa o a una víctima maltratada.
Es valiente, no porque nada la asuste, al contrario, muchas cosas le dan miedo (quedarse encerrada, el cáncer, que la secuestren, morir ahogada, que la asalten cuando regresa a su casa de noche, tarde y manejando sola), pero las enfrenta. No deja de vivir su vida por estos temores. Es católica, pero no le perdona a Dios la muerte de su madre. Su papá es su héroe.
No es buena administradora. Gasta más de lo que gana y se ve en apuros por ello.
Es un alma libre. No entiende, ni acepta los regímenes totalitarios. Los compara con la esclavitud.
Edad: 27 años
Estado civil: soltera
Profesión: abogada. Graduada con honores. Planea hacer un postgrado en derecho tributario en España
Posición social: clase media alta
Idiomas: inglés y francés
Cualidades físicas: no es muy alta, pero es preciosa. Una espesa melena negra adorna el contorno de su blanca tez. Sus ojos son color miel, enmarcados por espesas cejas negras, con curvatura natural. Además, tiene un cuerpo voluptuoso, muy atractivo. Piernas bien torneadas.
Voz cálida, aterciopelada, de tono grave.
Es coqueta, pero no tiene ningún reparo en bajar al jardín del edificio en bata, a pasear al perro, si se le hace tarde. En caso contrario, siempre anda de punta en blanco.
Rasgos emocionales: es maniática de la puntualidad, al punto de parecerle una falta de respeto que la hagan esperar, aunque sea cinco minutos.
Es solidaria. Le gusta ayudar a los demás.
En el amor no ha sido muy afortunada. Su actual novio, Sergio, no termina de hacerle sentir mariposas revoloteando en la boca del estómago. Amó mucho a Andrés, su primer amor. No siente lo mismo por Sergio. Lo atribuye a la edad, ya que era mucho más joven cuando se enamoró de Andrés.
Aunque es dulce y cariñosa, se transforma en una fiera cuando defiende una causa justa o a una víctima maltratada.
Es valiente, no porque nada la asuste, al contrario, muchas cosas le dan miedo (quedarse encerrada, el cáncer, que la secuestren, morir ahogada, que la asalten cuando regresa a su casa de noche, tarde y manejando sola), pero las enfrenta. No deja de vivir su vida por estos temores. Es católica, pero no le perdona a Dios la muerte de su madre. Su papá es su héroe.
No es buena administradora. Gasta más de lo que gana y se ve en apuros por ello.
Es un alma libre. No entiende, ni acepta los regímenes totalitarios. Los compara con la esclavitud.
jueves, 22 de julio de 2010
Aprender a ser yo
Elisa estaba sentada en el patio del colegio, esperando su turno para reunirse con los profesores de su hijo. Con algo de nostalgia, veía a los niños jugar. Le parecía que fue apenas ayer cuando llevó a su pequeño de la mano a presentar el examen de admisión, pero no; habían pasado ya once años desde aquel día y catorce desde que lo hizo con su hija mayor.
No tenía prisa. Se había propuesto disfrutar ese último momento; esa última entrega de boleta. Además, no había motivo de que preocupación, las calificaciones de José eran excelentes y había logrado ingresar a la mejor universidad del país, en la cual su hija mayor iba por la mitad de la carrera. Ya todo estaba hecho.
-¿Ahora qué vendrá?-se preguntaba-A reinventarme de nuevo. Aprendí a ser estudiante, hasta que se me acabó la carrera y aprendí a trabajar. Aprendí a ser novia, hasta que me casé. Entonces aprendí a ser esposa y luego, aprendí a estar embarazada. Después aprendí a ser mamá, aun cuando descubrí con horror que los niños vienen sin manual. Aprendí a buscar pediatra y a no estar de acuerdo con él. Aprendí a buscar cupo en colegios, a asistir a reuniones y a apertrecharme con un arsenal de marcadores de colores, cartulinas, plastilina y paletas de helado, para cuando mis pequeños me entregaban los domingos en la noche la circular arrugada, que había paseado varios días en el bulto, en la cual las maestras me pedían cualquiera de estos materiales. En los colegios, también aprendí a dejar de ser yo para convertirme en la mama de. Aprendí a aguardar rezando durante eternos exámenes de admisión en varias universidades. Aprendí a organizar sacramentos, ya llevo seis; tres por cada hijo, y todo esto sin descuidar mi trabajo, para el que nunca estuve preparada y que también ha de cambiar pronto.
Ya llevo casi medio siglo parada en este planeta y ahora tengo que aprender a ser yo de nuevo. A partir de hoy, después de la última firma en el libro de informes, la cual de alguna manera pone fin a este contrato, ya no seré más la mamá de. Adoro a mi familia, pero seré libre de nuevo. Ahora tengo que aprender a ser yo-
En ese momento, su sexto sentido, agudizado durante años en ese mismo patio, le advirtió de un proyectil que se aproximaba veloz a su cabeza y abandonó sus meditaciones. Volvió a la realidad justo a tiempo para atrapar el balón que había pateado uno de los niños. Deliberadamente lo retuvo y esperó que su dueño se le acercara, pero llegó su turno y en un último acto académico lo chutó directo a puerta y se anotó otro gran gol.
No tenía prisa. Se había propuesto disfrutar ese último momento; esa última entrega de boleta. Además, no había motivo de que preocupación, las calificaciones de José eran excelentes y había logrado ingresar a la mejor universidad del país, en la cual su hija mayor iba por la mitad de la carrera. Ya todo estaba hecho.
-¿Ahora qué vendrá?-se preguntaba-A reinventarme de nuevo. Aprendí a ser estudiante, hasta que se me acabó la carrera y aprendí a trabajar. Aprendí a ser novia, hasta que me casé. Entonces aprendí a ser esposa y luego, aprendí a estar embarazada. Después aprendí a ser mamá, aun cuando descubrí con horror que los niños vienen sin manual. Aprendí a buscar pediatra y a no estar de acuerdo con él. Aprendí a buscar cupo en colegios, a asistir a reuniones y a apertrecharme con un arsenal de marcadores de colores, cartulinas, plastilina y paletas de helado, para cuando mis pequeños me entregaban los domingos en la noche la circular arrugada, que había paseado varios días en el bulto, en la cual las maestras me pedían cualquiera de estos materiales. En los colegios, también aprendí a dejar de ser yo para convertirme en la mama de. Aprendí a aguardar rezando durante eternos exámenes de admisión en varias universidades. Aprendí a organizar sacramentos, ya llevo seis; tres por cada hijo, y todo esto sin descuidar mi trabajo, para el que nunca estuve preparada y que también ha de cambiar pronto.
Ya llevo casi medio siglo parada en este planeta y ahora tengo que aprender a ser yo de nuevo. A partir de hoy, después de la última firma en el libro de informes, la cual de alguna manera pone fin a este contrato, ya no seré más la mamá de. Adoro a mi familia, pero seré libre de nuevo. Ahora tengo que aprender a ser yo-
En ese momento, su sexto sentido, agudizado durante años en ese mismo patio, le advirtió de un proyectil que se aproximaba veloz a su cabeza y abandonó sus meditaciones. Volvió a la realidad justo a tiempo para atrapar el balón que había pateado uno de los niños. Deliberadamente lo retuvo y esperó que su dueño se le acercara, pero llegó su turno y en un último acto académico lo chutó directo a puerta y se anotó otro gran gol.
sábado, 10 de julio de 2010
La estación
A través de los cristales del techo abovedado de la estación de trenes se empezaba a filtrar la luz de la mañana. A su antojo brillaba el mármol travertino de pisos y paredes y el pulido bronce de los postes que sujetaban largas cintas forradas de terciopelo rojo, las cuales guiaban a los pasajeros hacia la venta de boletos.
Detrás del mostrador, en lo alto de la pared, cuya descomunal altura la daba al recinto un aspecto solemne de catedral, una enorme cartelera informaba los itinerarios de los trenes que llegaban y salían de la estación con rigurosa puntualidad.
El personal de la Agencia General Ferroviaria ya ocupaba sus puestos de trabajo, enfundado en su inconfundible traje azul marino. Diligentes, atendían al cada vez más creciente número de viajeros, que comenzaba a alinearse en ordenadas filas ante las taquillas.
Largas cadenas humanas desaparecían en el interior de los vagones, para emigrar desde los suburbios hacia sus empleos en la gran ciudad, en medio del silbido de las locomotoras, el traqueteo característico de los rieles y el resoplido de vapor de sus máquinas. Al final de la tarde, las puertas acristaladas liberaban masas ingentes de rostros cansados que retornaban a sus hogares.
Por Irene de Santos
Detrás del mostrador, en lo alto de la pared, cuya descomunal altura la daba al recinto un aspecto solemne de catedral, una enorme cartelera informaba los itinerarios de los trenes que llegaban y salían de la estación con rigurosa puntualidad.
El personal de la Agencia General Ferroviaria ya ocupaba sus puestos de trabajo, enfundado en su inconfundible traje azul marino. Diligentes, atendían al cada vez más creciente número de viajeros, que comenzaba a alinearse en ordenadas filas ante las taquillas.
Largas cadenas humanas desaparecían en el interior de los vagones, para emigrar desde los suburbios hacia sus empleos en la gran ciudad, en medio del silbido de las locomotoras, el traqueteo característico de los rieles y el resoplido de vapor de sus máquinas. Al final de la tarde, las puertas acristaladas liberaban masas ingentes de rostros cansados que retornaban a sus hogares.
Por Irene de Santos
domingo, 4 de julio de 2010
Escena de la película: El secreto de sus ojos
El escritor inicia una novela
Rodeado por el silencio de la noche y envuelto en una luz tenue, un escritor comenzaba a escribir su primera novela. El papel en blanco desplegado frente a él, que pareciera retarlo a empezar, era el enemigo a vencer. Estaba armado con un cuaderno, una estilográfica y el recuerdo de un suceso violento, que le cambió la vida veinticinco años atrás.
Cuánto le costaba elegir el mejor camino para adentrarse en una historia de la que él formaba parte. Enfocaba el primer capítulo de la trama desde tres ángulos diferentes: la emotiva despedida de un hombre y una mujer en una estación de trenes; el último desayuno de una joven pareja y la terrible violación de una mujer.
Con rabia desechaba una escena tras otra, arrugando el papel en el cual la había escrito y lanzándolo al cesto de la basura. Sin embargo, cuando interrumpe la narración del crimen, pliega la hoja con delicadeza, casi con ternura, como si al estrujarla cometiera una afrenta contra la memoria de la víctima.
Por Irene de Santos
Rodeado por el silencio de la noche y envuelto en una luz tenue, un escritor comenzaba a escribir su primera novela. El papel en blanco desplegado frente a él, que pareciera retarlo a empezar, era el enemigo a vencer. Estaba armado con un cuaderno, una estilográfica y el recuerdo de un suceso violento, que le cambió la vida veinticinco años atrás.
Cuánto le costaba elegir el mejor camino para adentrarse en una historia de la que él formaba parte. Enfocaba el primer capítulo de la trama desde tres ángulos diferentes: la emotiva despedida de un hombre y una mujer en una estación de trenes; el último desayuno de una joven pareja y la terrible violación de una mujer.
Con rabia desechaba una escena tras otra, arrugando el papel en el cual la había escrito y lanzándolo al cesto de la basura. Sin embargo, cuando interrumpe la narración del crimen, pliega la hoja con delicadeza, casi con ternura, como si al estrujarla cometiera una afrenta contra la memoria de la víctima.
Por Irene de Santos
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