Miguel llegó a su casa con las palabras de su amigo zumbando aún en su cabeza.
- ¿Será que Pedro tiene razón?, ¿Será que me gusta Eva?
En ese momento, el timbre del teléfono lo trajo a la realidad
- ¿Aló?
- ¡Hola Miguel!, ¿Cómo estás?
- ¿Eva?
- Sí, soy yo. ¿Qué tal tu práctica?
- Horrible, olvidé cómo jugar basketball
- Eso no fue lo único que olvidaste hoy, añadió Eva en tono de reproche
- Sí es cierto y lo lamento. No te avisé de la práctica. Es que verás, fue algo de último minuto, mintió Miguel
- Ah!, claro, fue por eso. Bueno, de cualquier manera, quería saber si piensas ir a la fiesta de Clara mañana
- Seguro, no me la perdería por nada
- ¿Ya le compraste el regalo?, preguntó Eva
- No
- Yo tampoco. ¿Por que no vamos juntos mañana en la mañana al centro comercial y escogemos algo bonito?
- Estupendo. Voy a necesitar toda la ayuda del mundo, porqe no tengo ni idea de qué regalarle. ¿Cómo se las arreglan ustedes para conseguir siempre el regalo adecuado?
- Reconócelo, ese es otro de los muchos aspectos en los que nosotras los superamos con creces
- ¡Engreída! Aunque en este caso tienes toda la razón
- ok. Nos vemos mañana, Miguel
- Paso por tu casa como a las nueve
- Te espero. Chao
- Chao, respondió Miguel y colgó. Le alegró hablar con Eva, pero lo normal. Por otra parte, menos mal que llamó, porque había olvidado por completo la fiesta de Clara. No, definitivamente Eva sólo era una amiga. Una amiga y nada más. Pedro etaba equivocado
Por su parte, Eva recorría el cuarto de arriba a abajo, cual leona enjaulada, mientras su ropa volaba por los aires.
- ¡Cónchale!, no tengo nada que ponerme para la fiesta
- Tendré que comprar algo mañana cuando vayamos a buscar el regalo
A la mañana siguiente...
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